Plató-n de Televisión
Fuenlabrada, 16 de abril de 2009.- El pobrecito hablador, quien este 2009 cumpliría doscientos años, ya nos anticipó en uno de sus artículos que los españoles leemos poco. Esta es la grieta del entretenimiento que ha ocupado la Televisión, dueña de nuestro tiempo y nuestros ojos. Muchos la alaban, la glorifican y demás términos religiosos de exaltación, incluso sentencian que es imprescindible para nuestro conocimiento. Imagino que la necesidad televisiva que plantean parte de la cuestión de que el libro en los hogares existe como una figura de porcelana recuerdo de algún viaje hortera. A mí, que sí me da por leer (aunque en secreto) me recuerda la situación actual a lo que Platón describió en su República, en el conocido aunque no leído, Mito de la caverna. El ciudadano medio mira la televisión en busca de una realidad, y encuentra la que se le ofrece, la sombra de lo que pasa y que Otros han seleccionado. Mirar la televisión es casi igual que mirar una pared. Pero esto no sería importante si no hubiera dinero entre el espectador y el Medio televisivo, un dinero que viene y va, de y a la Publicidad. Las empresas privadas pueden carecer de moral, o al menos de una moral común, y poner anuncios de forma obscena, y saturar al individuo, ese que Platón colocaba con cadenas delante de una pared. Sin embargo, en una empresa pública la moral pública debe estar presente en todo momento, aunque ¡Mira quién baila! corra peligro. TVE está en la obligación de representar una realidad cierta, lo que implica uno ingresos públicos y no publicitarios. Además, perdone el lector por este artículo estrambótico pero es que me gusta leer, lo Público ha ser público, y lo Privado de lo privado.
Francisco José Najarro Lanchazo
Fuenlabrada, 16 de abril de 2009.- El pobrecito hablador, quien este 2009 cumpliría doscientos años, ya nos anticipó en uno de sus artículos que los españoles leemos poco. Esta es la grieta del entretenimiento que ha ocupado la Televisión, dueña de nuestro tiempo y nuestros ojos. Muchos la alaban, la glorifican y demás términos religiosos de exaltación, incluso sentencian que es imprescindible para nuestro conocimiento. Imagino que la necesidad televisiva que plantean parte de la cuestión de que el libro en los hogares existe como una figura de porcelana recuerdo de algún viaje hortera. A mí, que sí me da por leer (aunque en secreto) me recuerda la situación actual a lo que Platón describió en su República, en el conocido aunque no leído, Mito de la caverna. El ciudadano medio mira la televisión en busca de una realidad, y encuentra la que se le ofrece, la sombra de lo que pasa y que Otros han seleccionado. Mirar la televisión es casi igual que mirar una pared. Pero esto no sería importante si no hubiera dinero entre el espectador y el Medio televisivo, un dinero que viene y va, de y a la Publicidad. Las empresas privadas pueden carecer de moral, o al menos de una moral común, y poner anuncios de forma obscena, y saturar al individuo, ese que Platón colocaba con cadenas delante de una pared. Sin embargo, en una empresa pública la moral pública debe estar presente en todo momento, aunque ¡Mira quién baila! corra peligro. TVE está en la obligación de representar una realidad cierta, lo que implica uno ingresos públicos y no publicitarios. Además, perdone el lector por este artículo estrambótico pero es que me gusta leer, lo Público ha ser público, y lo Privado de lo privado.
Francisco José Najarro Lanchazo